El emprendedor detrás de la Pyme

La real academia española, define a un emprendedor como una persona que emprende con resolución acciones dificultosas o azarosas; y al verbo emprender lo entiende como: Acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro.

La etimología de la palabra “emprendedor” se encuentra la voz latina prendĕre que significa literalmente agarrar o tomar. Resulta habitual la utilización de este término en los campos de finanzas, economía o negocios para designar a una persona que crea una empresa o que encuentra una oportunidad de negocio, o a alguien quien empieza un proyecto por su propia iniciativa.

Las características principales de los dueños de las pymes, encasillados como personas emprendedoras al haber creado su propio negocio, se pueden argumentar en base a diferentes modelos teóricos de la motivación humana. Estos modelos pretenden explicar los móviles del individuo a la hora de actuar en uno u otro sentido.

“El emprendedor presenta un cuadro de variadas necesidades, que siente además de manera intensa. Puede, es cierto, que en este aspecto no se diferencie de manera notable de un amplio conjunto de individuos. La diferenciación se produce más tarde, al identificar la idea de poner en marcha una empresa como la vía para satisfacer la mayor parte de esas necesidades. Y esa identificación, como las propias necesidades, suele ser también especialmente intensa.” [1]

Según José María Mateu, ingeniero español con master en estrategia de empresas, en su libro “El perfil humano del Emprendedor”, afirma que todos los emprendedores presentan un cuadro de motivaciones en el que se encuadran el deseo de hacer lo que les gusta, la necesidad de logro, la búsqueda de la independencia y el afán de lucro.

El autor agrega también que estas cuatro motivaciones se puede sumar circunstancialmente alguna otra como: “la necesidad de demostrar a los demás su propia capacidad, el deseo de dirigir a otros, el intento de escapar de una situación negativa o incluso el intento de hacer algo por los demás”[2], pero en menor medida.

Mateu entiende a la primer motivación el deseo de hacer lo que les gusta, como una de las más fuertes sentidas por los emprendedores; y agrega que “Es claro que esta motivación puede ser satisfecha de otras formas, como por ejemplo trabajando para otros en la profesión preferida.”[3] Y por esta razón, a esta motivación se le añaden las otras, para conseguir empujar a alguien a poner en marcha una empresa.

El segundo motivador importante del emprendedor se deriva de la satisfacción de convertir al idea en realidad, la necesidad de logro. David Clarence McClelland, psicólogo estadounidense, en su teoría de la motivación humana[4], entiende a la necesidad de logro, como el impulso de sobresalir y tener éxito. Para McClelland, “Esta persona evita situaciones poco arriesgadas porque cree que el éxito fácilmente alcanzado no es un logro genuino.”[5]

“La necesidad de lograr grandes cosas por uno mismo.., opina Mateu, ..no sólo se puede ver satisfecha a través de la creación de empresas. Muchas personas satisfacen esta necesidad fijándose metas ambiciosas, como trepar a una montaña o batir un récord deportivo.”

El autor explica que la necesidad de logro no implica necesariamente la satisfacción mediante la puesta en marcha de una empresa, por lo que agrega la búsqueda de independencia. Afirma que la necesidad de sentirse libres es una motivación muy presente en la mayoría de los emprendedores.

Para Mateu, el emprendedor magnifica en general la independencia que una empresa propia le puede aportar.. “Ve con claridad la libertad de no responder ante un jefe, pero parece ignorar la responsabilidad que adquiere al poner en marcha la empresa ante un colectivo mucho más numeroso compuesto de clientes, empleados, administraciones públicas, etc”[6].

Finalmente, la última motivación presente en casi la totalidad de los emprendedores es el dinero, el afán de lucrar.

Es cierto no obstante que está presente, en mayor o menor intensidad, en más del 90% de los emprendedores. Pero saben por otra parte que, aún en el caso de que la empresa funcione bien, transcurrirá un plazo de tiempo amplio antes de que produzca dinero. Esa demora en el tiempo desalienta a muchas personas que, carentes de las otras motivaciones citadas, no llegan nunca a emprender”.[7]

En conclusión para Mateu, todos los emprendedores presentan en mayor o menos grado los cuatro factores comentados hasta ahora; y que la presencia de los cuatro o al menos tres de ellos, es imprescindible para reunir el estímulo suficiente que haga al individuo emprender.

También, agrega que.. “Todas estas motivaciones pueden ser satisfechas por diversas vías, pero sólo la puesta en marcha de una empresa parece capaz de satisfacer todas a la vez. De ahí que los emprendedores desarrollen una fuerte asociación mental entre la satisfacción de sus necesidades y la creación de su empresa. Una vez establecida esa asociación mental, el impulso en la dirección de poner en marcha la empresa es muy fuerte.” [8]

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[1] MATEU, JOSÉ MARÍA, El perfil humano del emprendedor. Valencia, Action Learning, 2011. P. 4

[2] Ibidem. P. 9

[3] Ibidem. P. 4

[4] Colaboradores de Wikipedia. David McClelland [en línea]. Wikipedia, La enciclopedia libre, 2015 [fecha de consulta: 17 de enero del 2015]. Disponible en <https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=David_McClelland&oldid=82581597>.

[5] Ibídem.

[6] MATEU, JOSÉ MARÍA, El perfil humano del emprendedor. Valencia, Action Learning, 2011. P.5.

[7] ibídem.

[8] MATEU, JOSÉ MARÍA, El perfil humano del emprendedor. Valencia, Action Learning, 2011. P.9

 

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